25 de Junio

Esperanza en medio de la tragedia: oremos por las comunidades afectadas por los terremotos

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. (Salmo 46:1)

Esta madrugada, dos fuertes terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 han sacudido el norte de Venezuela, con efectos que también se han sentido en otros países y territorios del norte de Sudamérica y del Caribe, entre ellos Colombia, Trinidad y Tobago, Aruba, Curazao, Bonaire, Puerto Rico y las Islas Vírgenes. Mientras continúan las labores de evaluación, búsqueda y rescate, se han registrado víctimas mortales, numerosas personas heridas, importantes daños en viviendas e infraestructuras y miles de familias viven horas de angustia e incertidumbre.

En medio de esta tragedia, muchas personas esperan noticias de sus seres queridos, otras han tenido que abandonar sus hogares y los equipos de emergencia trabajan sin descanso para atender a los afectados. La Biblia nos anima a «orar sin cesar» (1 Tesalonicenses 5:17). Por eso, queremos levantar nuestra voz a Dios por todas las personas afectadas, confiando en que Él permanece cerca de quienes sufren y puede sostenerles con Su paz, incluso en los momentos más difíciles.

Como Sociedad Bíblica nos unimos en oración por todas las personas afectadas, sabiendo que Dios conoce cada historia, cada necesidad y cada corazón. Allí donde nosotros no podemos llegar, Él permanece presente, sosteniendo a quienes sufren y obrando con poder, amor y misericordia.

Oramos por:

  • Las familias que han perdido a un ser querido, para que encuentren consuelo y esperanza en nuestro Señor.
  • Las personas heridas, desaparecidas o que permanecen afectadas por las consecuencias de los terremotos, para que reciban la ayuda que necesitan y puedan ser localizadas cuanto antes.
  • Los equipos de emergencia, sanitarios, cuerpos de rescate, voluntarios y autoridades que trabajan incansablemente para salvar vidas y atender a los damnificados.
  • Las comunidades del norte de Venezuela y del resto de países y territorios afectados del norte de Sudamérica y el Caribe, para que puedan recuperar la calma y afrontar este tiempo con fortaleza.
  • Las iglesias y los creyentes de las zonas afectadas, para que sean instrumentos de consuelo, ayuda práctica y esperanza, reflejando el amor de nuestro Señor entre quienes más sufren.
  • Que nuestro Dios de amor conceda paz, protección y fortaleza a todas las personas afectadas, y que, aun en medio de esta tragedia, muchas puedan experimentar Su presencia y el consuelo que solo Él puede dar.

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