Efectivos de emergencias trabajan en el lugar del accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). SUSANA VERA (REUTERS) Fuente el Pais.
19 de enero
Accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba)
En el día de ayer, un grave accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba) ha sacudido profundamente a nuestro país. Dos trenes, un Iryo que cubría la ruta Málaga–Madrid y un Alvia Madrid–Huelva, descarrilaron tras una colisión en los desvíos de entrada a la localidad, con más de 500 personas viajando entre ambos convoyes.
Hasta el momento, se ha confirmado el fallecimiento de al menos 39 personas y 152 han resultado heridas, algunas de ellas en estado muy grave. Las cifras no son definitivas, y muchas familias continúan viviendo horas de angustia, esperando noticias, buscando a sus seres queridos y afrontando la identificación de las víctimas.
Como comunidad cristiana, queremos detenernos hoy para orar juntos:
-
Por las familias de las personas fallecidas, para que el Señor las envuelva con su paz en medio del dolor más profundo.
-
Por quienes permanecen heridos y hospitalizados, especialmente por aquellos en estado grave, para que reciban atención, alivio y esperanza.
-
Por las familias que aún no han podido localizar a sus seres queridos, para que puedan recibir respuestas y consuelo.
-
Por los equipos de emergencias, sanitarios, fuerzas de seguridad y personal ferroviario, que trabajan sin descanso en el lugar del siniestro y en los hospitales.
-
Por las autoridades y servicios de coordinación, para que actúen con sabiduría, claridad y humanidad en cada decisión.
Pedimos también que la Iglesia cercana a la zona sea sensible y disponible. Que los cristianos, como hizo Jesús tantas veces, se acerquen al dolor sin miedo, con compasión y sin juicios, llevando consuelo, escuchando, sirviendo. Que puedan movilizarse con discreción y amor para ofrecer apoyo emocional, ayuda práctica y acompañamiento, poniéndose a disposición de quienes están coordinando la respuesta a esta tragedia.
En momentos así, cuando las palabras no alcanzan, confiamos en la promesa de que “el Señor está cerca de los quebrantados de corazón” (Salmo 34:18). Oramos para que su paz, esa paz que sobrepasa todo entendimiento, sostenga a quienes hoy caminan por el valle del dolor.
Nos unimos en oración, en silencio y en esperanza.