Devocional

El verano suele traernos encuentros inesperados. Una conversación durante un viaje, una amistad que surge en unos días de descanso o una simple charla que termina dejando una huella mucho más profunda de lo que imaginábamos.

Hace más de ciento cincuenta años, un joven misionero galés llamado Robert Jermain Thomas soñaba con que la Palabra de Dios llegara a Corea, un país prácticamente cerrado al Evangelio. En 1866, mientras distribuía Biblias, fue capturado y ejecutado. Humanamente, todo parecía haber terminado allí.

Sin embargo, Dios tenía otros planes.

Muchas de las Biblias que Thomas había llevado fueron recogidas por personas de la zona. Un funcionario llamado Pak Yong-Sik utilizó algunas de sus páginas para empapelar las paredes de su vivienda. Años después, aquella casa fue adquirida por Choi Chi-Ryang, quien decidió conservar las paredes tal y como estaban. Tanto él como su familia y numerosos viajeros que se hospedaban allí comenzaron a leer las Escrituras que cubrían aquellas habitaciones. Poco a poco, la Palabra fue obrando en sus corazones. Cuando los misioneros llegaron posteriormente a la región, descubrieron que ya existía una comunidad de creyentes que conocía el mensaje del Evangelio.

Lo que parecía una derrota se había convertido en una semilla. Lo que parecía el final de una historia era, en realidad, el comienzo de otra mucho mayor.

La Biblia sigue teniendo hoy el mismo poder. Dios continúa utilizando su Palabra para transformar vidas, abrir caminos y alcanzar corazones allí donde nosotros no podemos llegar.

Por eso, no subestimemos nunca lo que Dios puede hacer a través de un gesto sencillo de obediencia. Una conversación durante las vacaciones. Una palabra de ánimo en el momento oportuno. Un acto de amor desinteresado. La serenidad que transmites en medio de la dificultad. La paz que reflejas cuando otros viven rodeados de incertidumbre. La alegría que permanece aun en tiempos complicados. Un sencillo «¿puedo orar por ti?» dirigido a alguien que se siente abrumado.

Muchas veces sembramos sin llegar a ver el fruto, pero la Palabra de Dios sigue obrando mucho después de que nosotros hayamos dado el paso. Lo que para nosotros puede parecer algo pequeño, en las manos del Señor puede convertirse en el comienzo de una historia que transforme una vida para siempre.

Durante este verano, permite que Dios te utilice como portador de esperanza. Quizá no sepas qué impacto tendrá una palabra, una invitación o una muestra de amor cristiano. Pero la historia de Robert Jermain Thomas nos recuerda que la Palabra de Dios siempre encuentra su camino.

Que estas semanas de descanso sean también una oportunidad para reflejar a Cristo y compartir, con naturalidad y sencillez, el mensaje que ha transformado nuestra propia vida.

Feliz verano.

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