La Pascua encierra el relato de una traición al inocente, el Cordero de Dios que sufrirá escarnios y una muerte ignominiosa. Los sacerdotes y ancianos del pueblo se ponen de acuerdo para llevar adelante su plan; tender la trampa, cuyo objetivo es prender y dar muerte al que les incomoda. Temen la reacción de quienes habían creído y seguido a Jesús y buscan en uno de sus cercanos el eslabón que necesitan para conseguir su objetivo. Jesús, mientras, ora y agoniza en Getsemaní. Intercambia un diálogo desgarrador con el Padre. Ambos tienen la voluntad de seguir adelante. 



En realidad quien sentencia es el propio Dios, ni el Sanedrín, ni Pilatos, ni los apóstoles, ni los que le aman o gritan “¡cr