Transcurridos casi cinco siglos de aquellas Biblias que llevaron al Dr. Cazalla, a Da Leonor de Vivero, a D. Carlos de Seso y a tantos otros personajes ilustres o del pueblo llano de estas tierras, a cárceles y que- maderos, destacados ejemplares se exhiben en la sala del Consulado del Mar, lugar que nos devuelve a la época de esplendor de la ciudad erasmista, de mercaderes, de libros e imprenta, abierta a Europa.

La exposición se sitúa en el marco del 500o Aniversario de la Reforma protestante y dentro de la amplia programación que la Asociación Cultural Francisco de Enzinas Dryander de Burgos impulsa alrededor del burgalés Francisco de Enzinas. 

Así nuestro paisano retorna de manera definitiva a la ciudad que lo vio nacer, con una de sus mayores aportaciones a la cultura, su traducción del Nuevo Testamento (Amberes, 1543), primera en castellano desde el griego, lo que supuso la acusación de herejía y la cárcel a instancias del emperador Carlos V.

A principios de 1543, con poco más de veinte años y el manuscrito en las manos, Enzinas emprende viaje a Flandes para darlo allí a la imprenta con las debidas autorizaciones y censuras.

Llegó a reunir una biblioteca de unos 15.000 ejemplares, que como decía cuando le preguntaban, si no había leído totalmente, había elegido cada ejemplar con especial interés. Gastó muchas horas buceando en catálogos de librerías de segunda mano a la caza del ejemplar buscado. Siendo muy joven se interesó por el fundamento de la fe cristiana y La Biblia, que vino a ser, desde entonces, el sostén de su vida; no como ejercicio intelectual, sino como norma de conducta y esperanza.

En suma, un recorrido por Biblias en lenguas originales; primeras traducciones al castellano; Biblias del exilio del XVI y de los místicos; versiones católicas de