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Leer las historias de los participantes en el sencillo Consurso de «Microrrelatos del Día de la Biblia» nos ha conmovido. Elegir un ganador ha sido difícil. Cada protagonista de estas historias es un auténtico vencedor. 

En cada relato la gracia de Dios se percibe de manera muy real.

Léelos y disfruta de cada experiencia, como lo hemos hecho nosotros.

Tenemos que elegir un ganador y lo hacemos, por la calidad literaria…: «Devastado, sueños destrozados y planes …». 

Insistimos, ¡todos son los protagonistas de estas historias son vencedores! 

Aquí tienes los relatos.

Agonizaba, pero no podía morir así. Inmóvil en el madero, gastó su último aliento combatiendo la burla de los soldados. No era justo aquel trato. Sin apenas aire, ahogándose mientras hablaba, responde a su compañero de prisión: ¿cómo te atreves? Jesús les escucha sin odio. Cruza su mirada con un ladrón que no tiene qué ofrecer. Solo quiere un juicio justo. Arrepentido,el malhechor encuentra consuelo y salvación. El Salvador le dio todo a cambio de nada. ¿Soy yo mejor que el ladrón? Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida.

El silencio de la casa quedó mudo por mi llanto. Mis planes habían fracasado. ¿Por qué no me había ayudado? En mi cabeza una tormenta de reclamos llenaba mis pensamientos. Entonces me acordé de algo. Eran mis planes, no los de Dios. No había buscado su voluntad. El arrepentimiento se fundió en mi corazón llegando a cada rincón de mi ser. Dios me abrazó con su amor y perdón. Me liberó de una pesada carga. Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida. Entendí que buscar su voluntad me llevaría a sus planes, siempre mejores, siempre buenos.

El 9 de Septiembre de 2011 cuando tuve que ir a Argentina por el fallecimiento de mi hijo de 35 años y tuve que reconocerlo después de cinco días que llevaba muerto, y tuve que enterrarlo y dejar su cuerpo allí. Ese día percibí la gracia, el amor y la fuerza de Dios en mi vida, porque sin Él, no hubiera podido aguantar el infierno que viví allí.

En unos de los viajes por las villas en India tuve una experiencia sobrecogedora y ese día percibí la gracia de Dios en mi vida. Un día fuimos a dejar a un obrero elementos básicos como una cocina, bicicleta y cama, al volver tuvimos una accidente en la carretera. El día era lluvioso a causa del monzón, en frente nuestro una carreta rural se detuvo y bajaba gente, no pudimos prever que una mujer bajaría por el mismo lugar donde íbamos nosotros. Chocamos con ella, pero nada le sucedió a ella y a nosotros. Pr. Marco Ogalde (Zaragoza)

DEVASTADO. SUEÑOS DESTROZADOS Y PLANES DESIERTOS DE ILUSIÓN. Abatido. Insomnio y sospechas de decepción, alevosía. Crujidos dentales y ojos devorados por una llantina interminable. La erosión del alma a la enésima potencia. Jornadas de sombras y tinieblas. Divorcio, separaciones, dolorosa pérdida. Soledad, ausencia, frustración. De repente, al alzar la mirada, Él. Luz y vida. Misericordia y perdón. Consuelo y verdad. Descanso y amor. Desde entonces, cada día es ese día en el que percibí la gracia de Dios en mi vida. Pr. Emilio José Cobos Porras. (Carlet)

Transcurría un domingo del mes de Octubre de 1988 y mi novia, hoy mi esposa y hermana, en la Fe de Cristo, me invitó a participar de la reunión en la iglesia. Y «ese día percibí la gracia de Dios en mi vida». El Señor los bendiga. Hermano Juan.

Fue en el año 1984 en el cual yo tenia 14 años, participe en una campaña en Arganda del Rey perteneciente a la comunidad de Madrid, era una campaña de evangelización que la iglesia de Arganda realizó para hacer llegar el evangelio a los vecinos de dicha comunidad mencionada antes, en esa campaña participó el pastor Rodolfo Loyola compartiendo el evangelio y para mí fue el día más maravilloso de mi vida ya que acepté al Señor Jesús en mi vida . Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida.

En el año de 2010 mi esposa Elaine Alcántara y yo vivimos en Mozambique por dos años como misioneros. Una noche sufrimos un atraco en nuestra casa, se llevaron todo que teníamos de valor, incluso nuestras alianzas de matrimonio. Estuvimos clamando a Dios por casi una hora para que nos guardara de aquellos hombres malos, hasta que se fueran y no nos hicieran daño alguno. Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida.

Era un día común. Abrí la nevera y miré entre todos los alimentos qué podía preparar. Me costó escoger pero me decanté por algo sencillo, pues no podía dedicar mucho tiempo a cocinar. Cuando terminé de prepararla me di cuenta que era dichosa delante de Dios, no sólo tengo comida cada día ¡puedo escoger lo que quiera!

Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida, pude darme cuenta que su mano nunca se había apartado de mi. No sólo lo leo en su Palabra, puedo vivirlo.

Te animo no sólo a que leas Su Palabra, ¡vívela!

Nunca había sido tan consciente de lo mala persona que era; lloré amargamente y le pedí perdón una y mil veces. Desde ese día percibí la gracia de Dios en mi vida.

Leí el mismo versículo por más de veinte minutos, hasta que me interrumpió el bibliotecario, pues era la hora de cerrar. Así fue que desde ese día percibí la gracia de Dios en mi vida.

Hoy es 11-M, un día como hoy hace ya doce años, recuerdo que salí de casa (vivo a 500 metros de la Estación del Pozo) más tarde de lo habitual. Nada hacía presagiar lo que sucedería. Justo antes de llegar al trabajo, escuché acerca del atentado, una bomba detonó en El Pozo. Lo primero fue llamar y ver que todos estaban bien. Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida, en mi familia… no tan solo por habernos salvado del atentado, sino por habernos permitido prestar ayuda a los heridos y a los seres queridos de las víctimas.

Allí estaba, sentado en la iglesia, cabizbajo y compungido; el asesino de mi hijo. Meses atrás clavó una navaja a Jorge que murió en el acto con solo 16 años de edad. De repente empecé a temblar y rompí a llorar de rabia contenida o de impotencia, no sé. Recordé lo que madre siempre me decía: —El Dios de toda gracia tuvo misericordia de nosotros y nos salvó siendo pecadores. Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida de una forma especial y le perdoné. Si, le perdoné, porque supe que Dios también lo estaba haciendo.

Me hallaba abstraída en mis pensamientos cuando cruzaba la carretera para dirigirme al Instituto; miré de reojo hacia el lado derecho de la misma para percatarme de que ningún coche circulaba por ella. Vi la sombra de un coche que me pareció bastante lejana; pensé: «Me da tiempo a cruzar». A mitad de la carretera oí el frenazo de ese mismo coche, sintiendo que su rueda delantera había rozado ligeramente mi pie derecho. Me dije atónita: «Este coche podría haberme atropellado. Ha sido un milagro». Ahora puedo afirmar contundentemente que ese día percibí la gracia de Dios en mi vida.

Era un día cálido de diciembre en mi natal Colombia. ¡Hasta allí había llegado el testimonio de la gracia de Dios! Yo la había contemplado al visitar repetidamente a una familia cristiana comprometida, pero no había percibido la gracia de Dios personalmente.

Fue en un tiempo devocional de esta familia. Mis oídos escuchaban encantados la realidad de Efesios 2:8-9. Ese día pude contemplar al Señor Jesús en la cruz en mi lugar. Ese día le oí diciéndome: «He hecho ya todo para que obtengas perdón completo. Entrégame tu corazón.» Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida…

Pasaba por el puente de madera, ese que hay cerca de mi casa, en el parque, y como ha estado lloviendo estas semanas, el río llevaba agua, cosa que no es muy normal a estas alturas del año. Un agua cristalina, casi pura, que dejaba ver el fondo con un toque de dorado mezclado con bronce, era un color que no había visto antes, me quedé mirando, hasta que lo único que vi fue el cielo reflejado en el agua. 

Ese día percibí la gracia de Dios en mi vida. Él siempre está ahí, y por fin pude verlo.

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