Sociedad Bíblica

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La Pascua, un tiempo de reflexión

04.04.2012
La Pascua encierra el relato de una traición al inocente, el Cordero de Dios que sufrirá escarnios y una muerte ignominiosa. Los sacerdotes y ancianos del pueblo se ponen de acuerdo para llevar adelante su plan; tender la trampa, cuyo objetivo es prender y dar muerte al que les incomoda. Temen la reacción de quienes habían creído y seguido a Jesús y buscan en uno de sus cercanos el eslabón que necesitan para conseguir su objetivo. Jesús, mientras, ora y agoniza en Getsemaní. Intercambia un diálogo desgarrador con el Padre. Ambos tienen la voluntad de seguir adelante. 

En realidad quien sentencia es el propio Dios, ni el Sanedrín, ni Pilatos, ni los apóstoles, ni los que le aman o gritan “¡crucifícale!” pueden cambiar el curso de los acontecimientos. Porque era necesario que el Justo pagara el precio del pecado de la humanidad, de nuestra separación de Dios. 

“Difícil cosa es afrontar la muerte, aunque sea a favor de una persona buena; no obstante, por una buena causa, tal vez alguien estaría dispuesto a morir. Pues bien, Dios nos ha dado la mayor prueba de su amor haciendo morir a Cristo por nosotros cuando aún éramos pecadores.” Romanos 5,7 La Palabra

La dimensión de los hechos y el evento sin precedentes de la resurrección del Mesías, trastocaron de una vez y para siempre nuestra relación con Dios. 
“Por tanto, si Cristo venció a la muerte resucitando por el glorioso poder del Padre, es preciso que también nosotros emprendamos una vida nueva. Si hemos sido injertados en Cristo compartiendo una muerte como la suya, compartiremos, también su resurrección.” Romanos 6,4b-5 La Palabra

Vuelve a leer los pasajes de la Pasión. Piensa. Ora. Toma decisiones.
(Mateo 26-28; Marcos 14-16; Lucas 22-24; Juan 18-21)