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Dios es el Amor
Cuando acudes a Jesucristo y lo entronizas en tu corazón como Señor, se te abre una nueva dimensión en tu vida, amplia y fecunda. En este nuevo estado de existencia, puedes descubrir la maravilla del amor de Dios. En realidad, algo muy grandioso. Al desnudar el alma delante del Señor, puedes ver con claridad tu pecado concreto, tu miseria y un montón de debilidades. Como una potente bengala que alumbrase las tenebrosas sombras de la oscuridad. Así de primeras, te cuesta aceptar que te ame como estás. Una mezcla de vergüenza y recelo te lleva a tratar de presentarte un poco limpio o bien parecido, quizá para sentir que eres algo acreedor del aprecio de Dios. Pero aquí no valen artificios, porque él mira nuestro corazón. Todos comenzamos desde un mismo nivel: recibir el amor de Dios, del que no somos dignos. No es cuestión de malos o buenos, de mejores o peores. Todos los hombres están destituídos de merecimiento alguno. Él ama a las personas porque las quiere, como son, sin ninguna condición, para rehacerlas como fue en el origen, a imagen y semejanza suya en carácter. Sólo pide: "arrepentíos y creed". Luego, el hombre agradará a Dios o no le agradará con sus pensamientos, palabras y hechos. Esto tendrá sus consecuencias, claro. Pero Dios siempre estará amando al hombre. No es necesario enmendarse para volver la mirada al Señor en demanda de perdón y ayuda. No se va a Dios porque uno es limpio, sino para ser limpio. Jesucristo murió en la cruz para limpiarnos y salvarnos porque nosotros no podíamos hacerlo por nosotros mismos. Hay que ir a Él como uno es, con toda la carga de la propia suciedad y desvarío, porque su amor nos acoge sin tener ninguna otra cosa en cuenta. Nunca la conducta de las personas marca o determina la manera en que Dios las está amando. No es pues, el ejemplo de la bondad, ni las conductas intachables lo que nos levanta de la perdición, sino la fuerza del amor que se nos brinda. Cuando una persona recibe el amor de Dios en su corazón puede y debe extenderlo a su prójimo "de la misma manera", es decir, sin esperar determinadas conductas o merecimientos. Juan Luis Rodrigo (del libro "Fruta Nueva", Sociedad Bíblica)
Las Actitudes Hay un lenguaje que si nos fijásemos más en él, estaríamos mejor acertados en las decisiones que la vida nos invita a tomar. Es el lenguaje de las actitudes que nos habla con mucha seguridad y que, inexplicablemente, en muchas ocasiones no lo tomamos muy en serio. El cuadro de nuestras actitudes personales, ofrece una elocuente exposición de lo que realmente somos y de lo que se puede esperar de cada uno de nosotros. La disposición de ánimo con que tratamos o emprendemos las acciones, revelan los motivos profundos de nuestro hacer. Según sean éstos, realizamos las cosas de una o de otra manera, con alegría o con tristeza, con gozo o a regañadientes, con diligencia o con negligencia, etc.etc. Los hechos de nuestra vida y las maneras en que se llevan a efecto, son los resultados de las actitudes que mantenemos. A veces ciertas personas en situaciones de realidades inexcusables, tratan de quedar bien con "palabras"para salir de momentos comprometidos. Con esa inclinación de "defender, más no enmendar", salen por ahí malabaristas de la palabrería tratando de justificcarse ante cuantos se prestan a escucharles. Bien sea que hayan más y más de esas palabras, o que haya silencio y no se quiera dar ninguna explicación, el caso es que siempre tenemos el certero recurso de leer en el lenguaje de las actitudes, que han sido evidentes en la experiencia de relación humana. Es así como podemos, en alguna medida importante, ir conociendo a cada cual y tomar decisiones acertadas. Pero también es interesante tener en cuenta lo dicho, para poseer un mejor conocimiento de nosotros mismos. Es difícil teneer un juicio acertado cuando no podemos considerarnos desde afuera. Pero podemos hacer más fácil la cosa, observando nuestras proias actitudes en un intento de ser objetivos. Si esto se consigue, podemos entonces, desde una plataforma veraz, tratar de mejorar, acercándonos al nivel de las que vemos en la persona a quien llamamos Señor y Maestro. Bueno es conocer a los demás, pero aún mejor conocernos a nosotros mismos, tal cual somos, sin restar ni sumar a la realidad evidente. Juan Luis Rodrigo (del libro "Fruta Nueva", Sociedad Bíblica)
La Palabra SazonadaLos "tacos", la palabra soez y la malsonante deben ser puestas en el "cubo de la basura". Es verdad que existen en el diccionario; están allí para que podamos tener una información fidedigna de las realidades expresivas de las gentes, pero deben ser puestas en su lugar. En los hogares, lo que se corrompe, lo sucio, lo incomestible y toda clase de desperdicios forman una realidad conocida que es la basura y se tiene en el lugar adecuado, pero nunca se mezcla o se acerca a los elementos comúnmente usados para el diario vivir. "Cada cosa en su sitio, y cada sitio para su cosa". Es cierto que hay palabras que tienen una realidad lingüística, pero tammbién tienen un significado sucio o degenerativo. Es la basura que se forma en este aspecto de la vida humana y debe ser puesta en su lugar, en su cubo. Séneca decía que "las palabras feas, aun levemente dichas, ofenden", es decir, hieren. Si esto es así, dar lustre y belleza al lenguaje no es tan sólo cosa de buen gusto personal, sino también de promover la belleza y el bien en la vida de los demás. Estas cosas, que debieran estar claras en nuestras mentes, se enturbian cuando se confunde la sinceridad con la mala educación. Es una confusión muy corriente. Uno se acostumbra a mezclar tacos o no se acostumbra; es cuestión de hábitos personales. Este tema tendría que ser considerado seriamente por todos los padres, por la gran influencia que ejercen sobre la descendencia en los usos y costumbres. ¿Qué maneras de hablar y qué palabras usan los mayores en el hogar? Aunque el dicho "de tal palo, tal astilla" no tiene un valor absoluto, sí que tiene mucha importancia. No se imaginan los padres cuánto pueden empobrecer a sus hijos a través de una lengua sucia. El contrapunto del "tacoísmo" es la palabra agradablemente sazonada que puede dar punto y madurez a lo que se quiere expresar. Además, gana mucho valor cuando se tiene la habilidad de pronunciarla con oportunidad, gracia y buen gusto. ¿Por qué razón privarte de estos valores que están en tu mano, y que pueden hacer tanto bien a todos cuantos forman tu mundo? Juan Luis Rodrigo
(del libro "Fruta Nueva", Sociedad Bíblica)
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